miércoles, 6 de julio de 2016

AQUEL AÑO EN MADRID (Abril 1975-Marzo 1976) (y III)





                                                 -III-
                           Noviembre 1975-Marzo 1976

El 26 de octubre, con Franco ya gravemente enfermo, el rey de Marruecos Hassan II aprovechó la incertidumbre política española para ordenar la invasión del Sahara Occidental, todavía por entonces colonia española, en una operación que se conoció como la  “Marcha Verde”. Una gran multitud formada por ciudadanos marroquíes  y soldados, espoleada por las autoridades del país, comenzó a avanzar a pie en dirección a la frontera del Sáhara Occidental para reivindicar el derecho de Marruecos sobre esos territorios. Los rumores en el cuartel se dispararon. Se oía que la División Acorazada Brunete, a la que pertenecía nuestro regimiento, sería la primera en acudir a defender la colonia. La preocupación era enorme y empezó a hacerse  evidente entre toda la tropa. A mí en particular comenzó a quitarme el sueño, algo que hasta entonces no había ocurrido por nada. Ya me imaginaba allá, entre las dunas, dando barrigazos contra la arena del desierto y disparando contra los de la marcha verde. Lo cierto es que para mí, el que el Sáhara fuera español o marroquí me la traía floja y eso aumentaba aún más mi angustia. Es más, era de los que pensaba que no deberían existir las colonias, bastante daño había hecho ya Europa en África con sus nacionalismos dirigidos solamente al beneficio económico propio sin tener para nada en cuenta los graves problemas de los nativos. Lo cierto es que fueron unos días terribles. Veíamos cada noche en televisión avanzar a la multitud mientras los presentadores repetías como loros que “España no consentiría la invasión de un territorio nacional y si para ello había que declarar la guerra a Marruecos, así se haría”.
El 6 de Noviembre, la Marcha Verde llega a la frontera y penetra en territorio del Sáhara, pero no ocurre nada. El día 9, Hassan II ordena la retirada de los campamentos de la Marcha Verde y aquí se acaba la historia. Posteriormente nos enteramos que todo había sido una comedia para meter presión por parte de Marruecos, pero que el destino de la colonia ya estaba decidido en secreto por acuerdos firmados entre España, Estados Unidos, Marruecos y Mauritania. Los saharauis tomaron las armas para defender su independencia mientras España se retiraba del territorio abandonándolo a su suerte. Visto desde ahora, en la distancia, lo que hizo España puede ser calificado como de vergüenza histórica y tal vez por ello, para compensar, nos traemos en verano a los niños saharauis a pasar las vacaciones con familias que se prestan voluntarias para ello. Una vez más, el pueblo español demuestra tener más dignidad que sus mandatarios.

El 20 de Noviembre nos levantaron una hora antes de lo previsto y de forma precipitada. Nos formaron por compañías y en posición de firmes y en el silencio más expectante que yo haya sentido nunca, nos anunciaron por megafonía que Franco había muerto esa madrugada con lo que se declaraba el acuartelamiento de todo el personal hasta nueva orden.
Mis sensaciones ante la noticia eran contrapuestas. Lo primero que sentí fue un gran alivio, por fin iban a terminar todos esos partes médicos que día a día nos leían para que estuviéramos enterados del estado del caudillo.Y también sentí una cierta alegría –lo reconozco- porque por fin había muerto el dictador. Pero por otro lado y ante el panorama actual, me preocupaba el futuro del país y, con él, mi futuro. Había en todos nosotros una gran incertidumbre de lo que iba a ocurrir ahora, pues hay que tener en cuenta que todos los que allí estábamos sólo habíamos conocido la dictadura como forma de gobierno en España y pensábamos que otra forma de gobernarnos traería problemas y gordos.

El acuartelamiento duró una semana y tras él, y sin esperarlo, me dieron de nuevo un mes de permiso. Me fui a casa más contento que unas castañuelas, por el permiso  y porque iba a pasar la Navidad con mi familia, pero solo si los dioses así lo querían porque antes de marchar ya me avisaron de que en el caso de un nuevo acuartelamiento me mandarían llamar para que regresara lo más rápidamente posible. No ocurrió nada y pude disfrutar de la Navidad como si fuera la última de mi vida. El día 31 a mediodía ya estaba de regreso en el cuartel. Esa fue la nochevieja más triste de mi vida.

Los fríos meses de enero y febrero de 1976 se me fueron tachando números en el calendario por cuya razón se hicieron inmensamente largos. No ocurrió nada digno de contar pero mi ansiedad porque llegara marzo influyó en mis nervios que estaban esos días fuera de madre. Y por fin, el 14 de marzo me licenciaron. Fue un día memorable, de los que ya no se olvidan jamás y eso que poco lo celebré, no tenía un duro. Pero me fui feliz a mi casa, a comenzar una nueva vida. De hecho, 1976 lo recuerdo como uno de los mejores años de mi vida. Sus días me trajeron más alegrías que penas, algo que no se puede decir de todos los años. En julio aprobé por fin la oposición que me haría funcionario de por vida con la seguridad que daba el tener un trabajo fijo para siempre. Lo estuve celebrando hasta septiembre. A final de este mes conocí a una chica con la que comencé una relación de luces y sombras, pero una relación al fin y al cabo. No acabó bien: yo terminé enamorado de ella hasta la médula y ella casándose con otro, era mi destino. En octubre comencé a trabajar y a hacerme maestro, ahora sí, de verdad, no en teoría…Pero esa es ya otra historia.







2 comentarios:

  1. Te dije que la estaría esperando...:)
    Me ha vuelto a gustar mucho, joaquín.

    Un abrazo

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    1. Gracias Carmela,me alegra que haya sido de tu agrado esta minibiografía de un periodo de mi vida un tanto peculiar.

      Te dejo un abrazo

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