domingo, 31 de mayo de 2015

Sobre la paz social





Aquel había sido un país próspero pero, como siempre ocurre, tras la gloria vino la decadencia y con ella, la escasez y la crisis para las clases menos favorecidas por la fortuna. Ya es sabido que a los pobres solo les llegan las sobras de los ricos. Y, cuando la economía va boyante, parece ser que esas sobras colman las necesidades básicas y, aunque siempre con cierta resignación y algo de rabia contenida, suele haber silencio y calma chicha, eso que otros llaman "paz social". Sobre todo si, además, se aumenta la oferta en partidos de fútbol televisados.


Pero cuando llegan  tiempos duros, bien porque la economía juega malas pasadas o bien porque la ambición de los de arriba se desborda y son los culpables de su hundimiento, entonces las sobras se vuelven mínimas, casi invisibles para los de abajo.Y es también entonces cuando surgen dos caminos, dos opciones: resignarse una vez más a la eterna pobreza o levantar la voz contra aquellos que los han llevado a esa situación. Y, ante estas dos opciones, es comprensible que a menudo se elija la segunda.


Se comienza a hablar entonces entre los que ostentan el poder de "romper la paz social con aptitudes violentas" por parte de los indignados, casi siempre inspirados en el populismo de países de dudosa reputación democrática. Y puede que hasta lleven algo de razón, pero solo a medias. A casi nadie le gusta la violencia ni las manifestaciones tumultuosas donde los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden traen consecuencias nefastas para ambas partes. Pero todas esas revueltas, no son caprichosas ni gratuitas, siempre tienen una causa.Y esa causa es precisamente la que,por parte de los buenos dirigentes políticos, se debe procurar erradicar con una visión política que se anticipe a las consecuencias..


Por todo ello, yo no creo en la palabra paz cuando esta palabra está vacía de contenido. Alcanzar y vivir la paz social NO es un objetivo a conseguir a base de discursos en las tribunas o de homilías en las iglesias. Para alcanzar la verdadera paz social primero tiene que existir una justicia social. Y cuando eso ocurre, la paz llega sola. Una paz auténtica y duradera, no impuesta por nadie como ocurríó en las famosa celebración de los XXV años de Paz del franquismo allá por 1965 creo recordar, donde era una paz falsa e impuesta.


Con una paz social derivada de una justicia social no sería necesario celebrar en las escuelas cada 30 de enero el "Día de la Paz", porque todos serían días de paz. Y al contrario, mientras la justicia social brille por su ausencia, no habrá paz social.