miércoles, 9 de abril de 2014

Escena callejera



El ingenio de este hombre para sobrevivir, no tiene límites.¡La de horas que habrá pasado enseñando al pájaro hasta conseguir que vuele confiado a las manos de los desconocidos transeuntes, atrape la moneda con el pico y vuelva con ella hasta su mano!

Para la mayoría, esta es una escena simpática, incluso divertida. Sin embargo, si observamos la situación más de cerca, podemos sacar algunas conclusiones no tan festivas:

1.El hombre, más inteligente, utiliza al animal para ganar dinero tras haberlo domesticado para tal fin y en provecho propio. Se puede decir que ha convertido un ser libre en un esclavo al que explota descaradamente. El pájaro no nació para pasarse su corta vida recogiendo monedas de las manos de los transeúntes. Su lugar es el campo abierto y no el ruido y la contaminación de la gran ciudad. Y, aunque también el pájaro saca su beneficio (comida), él no es consciente de la situación.


2.Tampoco es normal la situación desde el punto de vista del hombre. Se supone que todos tenemos derecho a una vida digna, aunque solo sea una suposición, claro está. Por el hecho de mendigar unas monedas para subsistir, el hombre es también una especie de esclavo, pero del sistema.


3.Y todo ello, con el beneplácito de los espectadores que disfrutan de la "inteligencia" del pájaro olvidándose de la cuestión principal: que se trata de dos vidas marginadas que se han unido en una simbiosis obligada por las circunstancias para sobrevivir, para no morir de hambre en medio de esta jungla de cemento en que se han convertido las ciudades modernas.


(Esperemos que no lo vea el ministro Montoro, porque utilizaría la idea para cobrarnos por medio del pajarito un nuevo impuesto, el de transeúntes, por desgatar el suelo mientras paseamos :)