martes, 5 de noviembre de 2013

Víctimas y verdugos





Estos últimos días, a raíz del fallo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo a favor de anular la llamada doctrina Parot, se han llenado las calles de gritos pidiendo justicia mientras da la impresión de que las frías leyes protegen a los terroristas basándose en el respeto a la ley universal de los derechos humanos. Pero, ¡ay!, derechos humanos a los que sólo pueden acogerse los verdugos, puesto que las víctimas ya no están aquí para disfrutarlos puesto que ellos, los terroristas, se encargaron de hacerlas desaparecer para siempre.


Por otra parte, ha quedado sobradamente demostrado a lo largo de la historia de la humanidad que la pena de muerte o la cadena perpetua no disminuyen en sí los delitos de sangre. Ahí tenemos el ejemplo de países donde aún está en vigor la pena de muerte, como es el caso de muchos estados de los EEUU y que, sin embargo, no por ello han disminuido los actos violentos con muertes, al contrario, han aumentado, ya que existe una gran libertad a la hora de poder acceder a las armas de fuego, incluso entre los más jóvenes, con lo que el problema, aparte de no solucionarse, se convierte en un acto de total hipocresía tanto social como política.









Una sociedad civilizada debe contemplar siempre la posibilidad de reinserción social del delincuente a la hora de impartir justicia, haciendo de su condena  no sólo un castigo sino también una posibilidad de arrepentimiento. Volver hacia atrás en el tema de la justicia supone volver a los tiempos bárbaros y crueles del ojo por ojo (ahí tenemos el caso de Israel que viene aplicando esta máxima con los enemigos desde su creación como estado y sin embargo no ha conocido una sola década ininterrumpida de paz).









Por otro lado, permitir tibieza con los terroristas y asesinos, traslada a la ciudadanía una sensación de indefensión que desembocará irremediablemente en la creencia general de que la justicia no es igual para todos y de que protege a los delincuentes y abandona a las víctimas.


Como siempre, en el término medio está la virtud a la hora de impartir justicia justamente. Pero el asunto no es nada fácil y menos para un país como el nuestro que ha sufrido el azote del terrorismo a lo largo de más de 40 años cobrándose más de 800 víctimas inocentes.







La pelota sigue en el aire y son los gobiernos de turno los que deben trabajar a fondo para crear unas leyes al respecto que contenten a todos los ciudadanos.