martes, 18 de junio de 2013

Búsqueda



"Hay millones de personas por ahí
pero,en realidad,
todo se reduce a una sola..." (*),
a esa que nos pasamos la vida buscando
para compartir con ella
todos nuestros sueños,
todos nuestros miedos.

Buscamos primero
a la persona idónea, única,
que nos ayude a liberarnos 
de todo ese amor
que lleva tiempo abrasándonos
como si de una tea incandescente
se tratara.

Si, al pasar el tiempo,
la persona idónea no aparece
-algo que suele ser frecuente-
buscamos entonces
a la persona adecuada
para librarnos
de la inmensa carga de la soledad,
la misma que lleva años
aplastándonos el alma
como una pesada losa
húmeda y fría.

Si esa tampoco aparece,
terminamos buscando
a aquella que,
cuando llegue la desgraciada hora
de la decadencia,
sepa abrazarnos con fuerza,
con la misma fuerza
y la misma ternura
que un día ya lejano,
cuando para nosotros comenzaba
a brillar el sol,
nos abrazaron
aquellos otros brazos,los primeros.

Y luego están aquellos que,
cansados de buscar
la verdad y el amor por el mundo,
deciden buscarlo
en el lugar por el que deberían
haber comenzado,
en su propio interior.
Estos son, en definitiva,
los que más suerte tienen:
casi siempre
terminan por encontrarlos.

"La felicidad es interior, no exterior; por tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos" - Henry Van Dyke

(*) Frase de la película "Amor loco/amor prohibido" (2001) de John Stockwell.


martes, 4 de junio de 2013

La calleja ( y II )







-II-

¿Qué era aquello? ¿De dónde habían salido?
Estaba tan aterrorizado que ni se me ocurrió dar la vuelta y salir corriendo.Aunque tampoco lo hubiera conseguido,mis piernas no me habrían obedecido.

A pesar del miedo,no podía apartar mis ojos ellos.Eran tres figuras totalmente de blanco que resaltaban con un aspecto fantasmal en la oscuridad.Estaban a unos quince metros de mí y,no había duda,eran humanos.Se trataba de tres hombrecillos de aspecto grotesco.El de la izquierda,bajo y rechoncho.El del medio,alto y estilizado.Y el de la derecha,más bajo aún que el primero,parecía darle la mano al alto.Podía tratarse de un niño.Los tres estaban muy juntos y a ninguno de ellos se le distinguía bien la forma de la cabeza por lo que deduje que posiblemente llevaran sobre ellas una especie de capucha.Además,los de los extremos parecían no tener piernas,al menos no se apreciaba separación entre ellas.El alto y delgado sí que tenía dos largas piernas.
Todas las apreciaciones anteriores desfilaron por mi mente a la velocidad del rayo mientras seguía clavado al suelo sin ser capaz de mover un solo músculo.

De repente,las tres figuras comenzaron a moverse lentamente.No hacia mí,sino con movimientos laterales totalmente sincronizados.Era un vaivén lento pero constante.Hacia un lado,hacia el otro.Rítmico y lento...y yo allí,frente a ellos...temblando otra vez.
De pronto,y como si de un solo individuo se tratase,el movimiento comenzó a coger velocidad :  izquierda...derecha...izquierda...derecha...
También mis piernas aumentaron su temblona al tiempo que de mi garganta surgió un segundo grito más desgarrado aún que el primero.
Izquierda...derecha...izquierda derecha...cada vez más rápido.Y ya no sólo se movían en horizontal sino que se me antojaba que en sus rítmicos movimientos se me iban acercando poco a poco...poco a poco...

Cuando estaba a punto de gritar por tercera vez,alguien pronunción mi nombre a mis espaldas:
-Santi,¿qué te pasa?¿Por qué gritas así?
Era mi padre.Lo reconocí por la voz pero no me volví.No podía separar los ojos de aquellos grotescos hombrecillos.Tan sólo pude levantar el brazo y señalar a las figuras causantes de mi miedo.
-¿Qué es lo que señalas?-mi madre también había llegado.Y mi hermana y varios vecinos,todos ellos atraídos por mis gritos.Por fin pude articular palabra:
-¡Eso! ¡Es que no los veis! ¡Esos hombres blancos,los enanos! ¡Se mueven y vienen a por mï!
-¿Qué hombres? Yo no veo nada-decía mi padre.

Alguien trajo una luz,probablemente una vela,y con ella,elevándola sobre nuestras cabezas,iluminó la calleja.
la luz dio de lleno sobre los grotescos hombrecillos y,entonces,toda la sangre caliente que circulaba por mi torturado cuerpo a gran velocidad,se paró en seco porque se congeló de golpe dentro de mis venas.Un sudor frío se apoderó de mí al descubrir la terrible realidad.Era el frío que siempre nos acompaña cuando somos conscientes de haber hecho el ridículo más espantoso,el frío que siempre va unido a la vergüenza...

Y es que allí,frente a mí,lo único que había era una hermosa y pacífica vaca suiza frotando afanosamente su voluminoso cuerpo sobre una esquina de la pared que limitaba la calleja.Allí estaba aquel animal solitario de negro cuerpo con tres enormes manchas blancas en el costado.Esos eran mis fantasmas cogidos de las manos.
Y allí seguía yo,paralizado,deseando que se abriera la tierra y me tragara para así dejar de escuchar las primeras risitas a mis espaldas.Unas risas que, seguro estaba,irían creciendo en intensidad y que probablemente seguirían resonando por todo el barrio durante unos cuantos días más,tal vez semanas....
-Anda Santi,termina de hacer tus cosas que yo te espero aquí-decía mi padre.
-No padre,ya se me han quitado las ganas,vámonos a casa.

Aquella noche tardé en dormirme más de lo habitual porque cuando cerraba los ojos veía con total nitidez a tres figuras grotescas vestidas de blanco que,cogidas de las manos,ejecutaban una trepidante danza macabra que me seguía oprimiendo el corazón.

Aún ahora,después de tantos años,cuando la noche se pone muy oscura,al cerrar los ojos para coger el sueño,hay ocasiones en que vuelvo a ver a mis tres enanitos con sus rítmicos movimientos y también con una sonrisa irónica y burlona en sus invisibles bocas.