lunes, 18 de junio de 2012

El monstruo de tres cabezas (cuento muy actual)






Hace muchos años,en un país llamado España ,tuvo lugar  un acontecimiento que gran trascendencia,la llegada de una diosa llamada Democracia.Sus habitantes estaban exultantes,felices y celebraron por todo lo alto su llegada con fiestas y fuegos artificiales.
Las ideas,dormidas durante tanto tiempo,despertaron.Y llenaron las paredes con carteles de todas las tendencias.Y llenaron el aire de mensajes.Y los kioscos exhibían revistas de todos los colores.Con el tiempo,todos los ciudadanos prosperaron y se hicieron casi ricos.Algunos incluso,llegaron a pensar que lo eran.Y llegó el derroche,la buena vida y la felicidad.

Pero todo esto entristecía cada día más a quienes siempre habían sido poderosos.Temían perder sus privilegios de clase dominante si la sociedad se encaminaba hacia un mundo más justo e igualitario.
Y entonces,un día,subieron al castillo donde habitaba desde tiempos inmemoriales un monstruo de tres cabezas.El castillo estaba vigilado por los guardianes,elegidos por el pueblo.Y la clase dominante,con su dinero,compró a los guardianes del castillo y abrió las puertas para que se escapara el monstruo.Entonces el monstruo arremetió contra todo lo que encontró a su paso.
Con la cabeza de la Especulación,derribó todos los muros de ladrillos de las casas más débiles,sembrando el terror entre la gente,que se quedó sin trabajo.
Con la cabeza de la Banca,exigió tributos y,los que no tenían suficientes ahorros con qué pagar,tuvieron que entregar sus casas.
Con la cabeza del Mercado Libre,arruinó todos los pequeños y medianos negocios que había en el país,aumentando aún más el paro.

Ante tal situación,hablaron los guardianes del castillo y,con voces sensatas,pidieron a todos sacrificios.No había más remedio que renunciar a muchos de los derechos adquiridos durante los últimos años para tranquilizar al monstruo.
A partir de entonces,todos se convirtieron en ciudadanos sumisos por miedo al monstruo,para no perder los escasos bienes que aún les quedaban.

Y la clase dominante,ante esta situación,respiró feliz.