lunes, 23 de abril de 2012

Platero y yo (II)



¡Préstamelo unos días,Juan Ramón! 
Que quisiera contarle 
cómo ha cambiado el mundo desde entonces. 
Le diría,por ejemplo,
que apenas hay ya hombres en los campos. 
Que aquellos niños pobres de Moguer,
hace tiempo que dejaron de jugar a fantasmas 
en los anocheceres con niebla del invierno. 
Que el coche de las siete ya no pasa,
que ya no trae viajeros hasta el pueblo. 
Y,tal vez lo más triste, 
que apenas quedan burros,
que casi se extinguieron.
Y es que ya, no los necesitamos.
Porque ahora nuestros burros son mucho más veloces. 
Para llegar los primeros al vacío infinito de la vida 
o a la infinita nada de la muerte. 

¡Ay Platero! 
Daría cualquier cosa por volver 
a mi atormentada adolescencia.
Y pasear contigo 
por los blancos caminos de mis eternos miedos. 
Para,al anochecer,
volver de nuevo a casa
sobre tu trote alegre de burrillo asustado,igual que yo.
Deseando los dos que lleguen cuanto antes nuestros miedos 
a la segura calidez de las primeras callejas del pueblo.
El mismo pueblo que al amanecer,
bajo la caricia de un sol recién nacido,
se transformará en el paraíso 
de los burros miedosos como tú 
y de los hombres tristes como yo. 
¡Ay Platero!